14 abril 2009

El confeso

— Quillo, ¿te puedo hacer una pregunta? Tú, ¿por qué criticas a periodistas? Es que una cosa es que te metas con los políticos, pero con periodistas... Yo al menos lo veo mal.
Me lo ha preguntado o reprochado un amigo esta tarde en el comité director del PSOE-A, y repito aquí lo que le he dicho a él, porque imagino que no está de más volver al escenario del crimen para explicar los asesinatos de uno mismo.
Yo no me meto con periodistas. A lo sumo criticaré algo que pueda haber hecho un periodista, no a él, y siempre en el ámbito puramente profesional y con espíritu irónico. Acepto, además, que (en el ejercicio de la libertad de expresión que asiste a todo el que quiera hacer uso de ella, a través de su blog o de su columna en El País) algunos se muestren inclementes con mi trabajo, imperfecto como el que más. Ya me ha pasado más de una vez y la verdad: prefiero esa inmisericordia a otro tipo de reacciones.
Pero permítanme a mí también reivindicar, al menos en este cachito de internet, mi derecho constitucional a escribir lo que quiera de lo que quiera. No obstante, sí admito que la conversación de esta tarde me confirma una vieja sospecha: que algunos comentarios han podido resultar más ofensivos de lo que imaginaba o pretendía.
En todo caso, recuerdo que aquí al lado figuran mi nombre y mi dirección de correo electrónico, esto es, que para opinar libérrimamente no me valgo del anonimato ni me oculto detrás de seudónimos, al contrario de lo que hace la inmensa mayoría de cibernautas. Si tiro una piedra no escondo la mano, y si me cargo un cristal me lo pueden hacer pagar enterito.
¿Que no estoy libre de pecado? Si ya lo he dicho antes: meto la pata hasta el corvejón casi cada tarde, y lo malo es que todo se ve a la mañana siguiente. Pero que tampoco estoy lapidando yo a nadie como para que me tengan que venir con la Biblia, ¿no?

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