Marqués Perales daba ayer por hecho en Huelva Información que Petronila Guerrero, la presidenta de la Diputación y del PSOE andaluz, será la candidata socialista a la Alcaldía de la capital onubense en 2011. La conclusión no es nada original (el descubridor de la jugada fue Rafael P. Unquiles, mi jefe en El Mundo Huelva Noticias), más aún cuando hace semanas el director de la cabecera de Joly, Francisco Chaparro, le preguntó directamente a la aludida en una entrevista (con referencia expresa a los elogios de Barrero, el que nunca falta) y la concejala de Aljaraque, en vez de autodescartarse agradecida, se limitó a decir que éste no es el momento de hablar de sus opciones, que son ganas de dejarse querer por los focos.
Sospecho que Petri aceptaría si la convencen personalmente sus pares (es evidente que no hablo de Mario Jiménez); porque, pragmática, pensará que el mal trago de la derrota ante el PP de Pedro Rodríguez le garantiza otros cuatro años al frente del Ayuntamiento de los ayuntamientos, en Cajasol y el Puerto sumando dietas para dorar su futuro retiro y, además, manos libres en el PSOE capitalino y provincial.
A la Guerrero seguro que no le van a hacer lo de Manuela Parralo o Elena Tobar de condenarla a deslucir en la desvencijada silla de lideresa de la oposición capitalina. Directamente no hay valor. Así que el morbo reside en quién aceptará ir de número dos en la candidatura socialista para asumir la pelea diaria con Rodri.
¿Esas alforjas hacen falta para este viaje? Desde luego que no. Pero Petronila no organiza la expedición: es la invitada de honor, nada más. ¡Y nada menos!



El «¡Falta Barrero!» que le gritó ayer —con plena complicidad— el portavoz socialista José Antonio Alonso al presidente del Congreso de los Diputados, José Bono, se reduce a anécdota divertida, pero estuvo a un tris de acabar en histórico drama democrático.


