20 mayo 2009

Pisando línea


A Leonardo Chaves, el director general de Tecnología e Infraestructuras Deportivas de la Junta, hermano del ex presidente autonómico y adjudicador a dedo (sin concurso, o sea) de un contrato a una empresa asesorada por otro hermano (Antonio José) de Manuel Chaves en la que (síguete riendo de la ley de incompatibilidades de altos cargos de la Junta) había estado trabajando durante meses su propio hijo (el de Leonardo), le han suprimido el despacho Griñán y sus austeridades.
Sin embargo, en menos de 24 horas se cumple lo que adelantó El Mundo hace meses en la sección de opinión Nos cuentan que... y lo nombran oficiosamente director general del club de baloncesto Cajasol, que hace dos años ya lo clavó vaticinando al aficionado aquello de «lo verás todo muy negro». De entrada, Leo (nombre de guerra) pasará a la historia como el primero que accede al cargo con sueldo (¿un fijo más incentivos por objetivos?), lo cual, y en los tiempos que corren, no deja de ser un mensaje bastante contraproducente lanzado desde la entidad que dirige Antonio Pulido.
Se me ocurre que Nacho Rodríguez, el ex jugador de Unicaja, Barcelona y de la selección española de basket y que es quien sigue curiosamente como director general del Gobierno andaluz asumiendo la firma a la que no renunció Leonardo ni cuando legalmente debía inhibirse, quizá se ajustaba mejor al perfil requerido por el equipo que dirige el señor Juan Carlos Ollero para suceder a Oriol Humet. Pero, como sentenció Lincoln, es más fácil reprimir el primer capricho que satisfacer todos los que vienen detrás. O dicho más castizamente: sin frenos, a donde se llega es al desenfreno.

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