15 noviembre 2007

Demagogia recurrente

Juguemos un poco a la demagogia, que algunas veces nos puede servir para iluminar sobre la verdad de las cosas, aunque lo habitual es que nunca conduzca metodológicamente a nada. Imaginen por un momento que hace 48 horas esa anciana a la que se le cayó en todo lo alto una ventana de la sede central de UGT en Huelva no hubiera estado regresando tranquilamente a su casa por la calle Puerto tras haber hecho sus habituales compras de media mañana, sino que se tratara de una septuagenaria vecina del barrio de Pescadería (o pongámonos directamente ya en plan tremendista: piensen en una madre lactante, con bebé y carrito de niños recién estrenados) que hubiera estado doblando la esquina curva del edificio de la Federación Onubense de Empresarios justo cuando la mala suerte quisiera dictaminar que se desprendiese una ventana de qué te digo yo: la planta tercera donde está trabajando la gente de Upeco, pongamos por caso. Imagínense que al rato se llevan a cualquiera de esas inocentes criaturas al Juan Ramón Jiménez con el pronóstico grave de un traumatismo craneoencefálico y, después de mil gestiones, habla con los periodistas qué sé yo: el mismo secretario general de Unión Provincial de Empresarios de la Construcción de Huelva, Javier Hunt, quien ratifica, textualmente (tal y como hacía este martes Rafael González Mallofret, la máxima autoridad ugestista en Prevención de Riesgos Laborales), que es que esa ventana que acaba de abrir una crisma «se utiliza muy poco y apenas de abre», de modo que lo único que ha pasado es que «hoy se abrió y, por desgracia, había alguien abajo». ¿Alguien piensa que, si el ventanal del rimbombante Centro de Cooperación Empresarial Andalucía-Algarve —e insisto en que sólo es un ejemplo— hubiera sido el inopinado actor de un accidente de similares características, la reacción inmediata del conjunto de los agentes sociales, de las fuerzas políticas, de las instituciones públicas o de la propia sociedad civil capitalina habría sido este comprensivo y absoluto silencio? Pensemos si no ahora en el caso de que el descalabro hubiera venido precedido del desprendimiento de una cornisa del Ayuntamiento o de la caída del palo de una bandera de la Subdelegación del Gobierno. ¿Aceptaríamos la explicación de Perico Rodri o de Manolo Bago de que, desgraciadamente, había alguien abajo pasando en ese preciso instante y no un segundo después? ¿Lo asimilaría de buen grado también UGT? ¿Estamos entonces dispuestos a admitir siempre y en todo momento ese brutal porcentaje de infortunio sin el que, por ejemplo, no se estaría disparando y disparatando la tasa de mortalidad laboral? Pregunto.


Publicado en EL MUNDO Huelva Noticias el 15 de noviembre de 2007

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3 comentarios:

Anonymous Anónimo ha dicho...

Pues esta claro que sí, que todo el mundo sentiría pesar por el hecho y comprendería lo azaroso de la desgracia. Bueno, todo, todo el mundo, no, todos excepto Manuel Becerro, como siempre.

15 noviembre, 2007 20:14  
Blogger Avidey77 ha dicho...

Desgraciadamente tienes razón en casi todo, menos en que era una anciana, esta señora es mi madre, tiene 72 años y hasta el día 13 estaba mejor que tú y que yo, sin enfermedades y activa totalmente en su vida, veo que tienes 31 años yo tengo 30, podría haber sido tu madre o la madre de cualquiera incluso la de Manuel Becerro, desgraciadamente es la mía y no necesita ser más joven o que haya sido otro edificio para que la situación sea más tremenda a mis ojos. Aunque está claro que las desgracias personales no interesan a nadie.

15 noviembre, 2007 21:31  
Blogger Manuel María Becerro ha dicho...

Hola, Avidey. Espero ante todo que tu madre se recupere pronto y bien. No quisiera tener razón en nada de esto, imagino que me podrás entender. Más aún si os he podido molestar con mi comentario. Es lo último que pretendía, desde luego. Yo lo primero que pensé es eso, que podía haberme pasado a mí, a un primo mío o a cualquiera, y eso quise reflejar en la columna. Y que no entiendo bien el encogimiento de hombros de algunos dirigentes sindicales cuando les toca a ellos apechugar con las consecuencias. Lo de anciana no lo dije en términos despectivos, aunque es cierto que a día de hoy el lenguaje lo tengamos muy limitado por la correción política. Si os he ofendido con ese comentario, tú o tu familia, os pido sinceramente disculpas, porque bastante tenéis ya como para sentiros violentados por un comentario mío. Te pido un favor si no te importa: mantenme informado de la evolución de tu madre, ¿sí? En el blog o a través de mi correo electrónico, que es manuel.becerro@elmundo.es
Un saludo y eso: que todo vaya lo mejor posible.

15 noviembre, 2007 21:44  

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