10 enero 2009

De la caña al coro y del coro a la caña

Figúrense la ilusión que me pudo entrar a mí esta mañana cuando me llamaron para felicitarme porque el seudónimo más absurdo de la historia de la prensa local valverdeña me incluía en un coro de voces angelicales. Sentí que el tiempo había acabado haciéndome justicia. Desde aquella infausta mañana de la década de los 80 en la que, estando en tercero o cuarto de EGB, Antonio el Pingo me invitó amablemente a volver a mi pupitre tras vibrrrrrarrrrr con mi interpretación del «Feliz, feliz en tu día» (el verdadero artista tiene más momentos malos que buenos), tuve claro que mi carrera musical sólo sufriría un paréntesis, porque, tarde o temprano, mis dotes artísticas acabarían siendo reconocidas públicamente.
Hoy me vinieron con la buena nueva y confieso que me ilusioné. ¡Por fin! El problema es que leo a Cabrujas y sinceramente llego a dudar que me incluya en esa coral donde merezco estar. A los chicos a los que alude sólo cabe identificarlos por sus guitarras y sus sombreros mejicanos, porque en realidad son mariachis. Y no es que yo le haga ascos ni al disfraz ni a entonar el ‘canta y no llores’, pero por orgullo no me acerco a una guitarra desde que siendo niño Manolo Mogeda padre también me rechazó como alumno (sospecho que por motivos muy parecidos a los que esgrimiera Antonio Garrido para mandarme sentar) y juro que nunca hasta ahora encontré en las sombrererías prenda adecuada para abrigar mi talentoso cabezón.
Si realmente yo fuera un chico de ese coro genovés, me malicio que el seudo comentarista me habría replicado con algún argumento más allá de la mera ofensa. Porque en este blog se cuestionó no sólo el atracón de huevos que se metió ante nuestros ojos hace un par de semanas, sino ni más ni menos que el enfoque editorial y la apertura informativa del irrepetible número 66 de Valverde 15 Días. Uno, cuando hace el cafre lanzándose en plan bomba a piscina ajena, lo mínimo que espera es que lo abronque el dueño con razones de mayor entidad y espesor intelectual, la verdad. Así que lo siento, pero tengo en alta estima a la pluma de Cabrujas y no me puedo creer que, después de la última sarta de palos, sólo le llegue para tacharme de mariachi o de faro. ¡Que yo soy todo un tenor, oiga!

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2 comentarios:

Anonymous Anónimo ha dicho...

acabo de leer al tal cabrujas ese y la verdad, he de decirle que tiene mucha mas chispa e inteligencia lingüistica que usted escribiendo. Si de verdad se refiere a usted en su columna, su réplica no ha estado muy a la altura, de aficionado vamos...

10 enero, 2009 19:51  
Blogger Manuel María Becerro ha dicho...

Si yo mismo lo digo, que tengo en altísima estima esa chispa e inteligencia, insuperable añadiría yo. No estoy rivalizando, por Dios, entiéndame usted que no se puede ser tan osado. Lo que no entiendo, si me apura, es para qué quiere marcar distancia con "el tal Cabrujas ese", como si lo acabara de leer por vez primera. ¿Tal vez por eso no firma este comentario? Saludos.

10 enero, 2009 19:56  

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