22 septiembre 2009

Introspección (VII): pubertad incompleta

Regresemos a los jardines sin vallar de la infancia, ahora desde una perspectiva entre crítica y picarona. Me vi abocado a renunciar inconscientemente a lo mejor de mi pubertad por la dichosa costumbre de mi madre de no ver telenovelas hasta que Televisión Española no empezó en esta década a emitir Amar en tiempos revueltos, que la tiene medio enganchada. Puedo acreditar que Mari Carmen la de Pérez Caro fue de las pocas que no vio ni Topacio ni Abigaíl, de modo que, allá por séptimo u octavo de básica, me perdí todos y cada uno de los capítulos de Doña Beija, un culebrón brasileño que hacía las delicias del resto de mujeres valverdeñas y de sus ya no tan impúberes retoños.
Yo tenía la no sé si muy sana costumbre de volver recién comido camino del Menéndez y Pelayo a jugar al futbito antes de comenzar las clases de la tarde. Pero, durante el curso que coincidió con la emisión de la mítica serie, tenía que jugar con niños más pequeños, porque la práctica totalidad de mis compañeros de aula se hacían los remolones y apuraban al máximo el reloj antes de asomarse por el colegio. Nada más llegar, entre que sonaba la sirena y se presentaba el maestro, se formaban todas las tardes improvisados corrillos donde siempre se reiteraban los mismos chismorreos. «¿Habéis visto hoy Doña Beija? Ay, mamá... Hoy se le ha visto todo...», soltaba uno marcándose las partes pudendas con más exageración que desvergüenza. El resto asentía y yo, consecuentemente, me cagaba en mi mala suerte, porque tanta unanimidad resulta hasta discriminatoria.
Imagínense cómo fueron de frustrantes mis almuerzos a partir de entonces. Me quedaba más de una tarde a ver si guipaba algo con lo que presumir ante el resto de coetáneos, pero la secuencia de los hechos era tal que así: mi padre imponía el Telediario para empezar, llegaban luego Maldonado o Montesdeoca a explicar tanto calor o las próximas lluvias, pasaban algunos anuncios y, en cuantito salía el cartel de Doña Beija y empezaba a sonar la musiquita brasileira, mi madre apagaba la tele o mi padre plantaba la segunda cadena, que yo no sé si echaba ya toda suerte de bichos africanos o tropicales a esa misma hora. Así que no me quedaba otra que recoger de nuevo la mochila y subir al Grupo Escolar con el mismo desánimo de un pescador en tierra que sabe que, esa misma tarde, todos presumirán en el bar de haber cazado cachalotes.
La historia de Doña Beija se las traía. Copio y pego de la Wikipedia: «La trama gira en torno a una hermosa joven que, después de ser raptada y violada por el oidor de la región, pierde su honra, el amor del novio con quien iba a casarse, y decide vengarse de todos los hombres, exigiendo oro y joyas a cambio de permitirles pasar una noche con ella». O sea, que la protagonista tenía que salir necesariamente en bolas cada dos por tres por exigencias del vengativo guión, inspirado en hechos reales. Pero yo no recuerdo haberle visto una mala teta a la actriz, que tenía unos ojazos verduscos, ¿me equivoco? Lo máximo que llegué a contemplar fue a la tipa debajo de una catarata peinándose para atrás la melena medio rubia en los títulos iniciales, algún día en que mi madre estaría terminando de fregar y no vino al quite a apagar la vieja Thompson del comedor.
En definitiva, si la motera con chupa de cuero que buscaba incansable al oloroso Jack's por todos los bares fue televisivamente posterior, he de concluir que mi único referente erótico de aquella etapa era el desodorante Fa. Como para no irme a pegarle patadas de testosterona al balón nada más apurar el yogur, ¿verdad que sí?

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9 comentarios:

Blogger Rafael B. ha dicho...

Lo que es la edad. A mi no me dejaban ver "Kung Fú" por aquello de la tardía hora y los rombos. Vi algunos episodios años después. Me daba bastante coraje que todos contaran cosas y se liaran a patadas y mamporros imitando al personaje que yo no podía ver. Hasta el profe (Paquillo Mendoza, "D. Francisco" y su Simca mil) contaba cosas de la serie en clase.
En fin.

23 septiembre, 2009 00:55  
Anonymous Anónimo ha dicho...

Lo que si veo es que te tragastes todos los Nodos, lo digo por lo bien adoctrinado que te dejaron.

23 septiembre, 2009 08:30  
Blogger Catum ha dicho...

¡Qué grande!, genial, lo has clavao ... ahora solo me queda una duda: ¿cuantos años duró Doña Beija? porque yo estaba 3/4 igual que tú ... y te saco dos años ...

23 septiembre, 2009 08:40  
Blogger Zapateiro ha dicho...

Jajajaja, lo de no poner nunca una telenovela debe ser de familia porque en mi casa nunca se ha podido ver una tampoco.

Por cierto, muy bueno lo de "tanta unanimidad resulta hasta discriminatoria".

Besos.

23 septiembre, 2009 10:37  
Blogger Manuel María Becerro ha dicho...

Al anónimo le hago una corrección, amable: no se dice "te tragastes", sino "te tragaste", que es menos fisno. Porque no es lo mismo te cagastes que la cagaste por completo, como es el caso.
Muchas gracias al resto. Lo increíble de Topacio era la canción final de "Mi vida eres túuuuu", que olía ya a aceite de lo mal y gastado que se veía al tipo.

23 septiembre, 2009 12:16  
Anonymous margarita ha dicho...

No te perdiste nada. Yo tampoco la vi y la verdad no tengo ninguna intención de ver las dichosas telenovelas, ya que tienen principio pero nunca terminan. Besos

23 septiembre, 2009 12:25  
Blogger Gloria ha dicho...

¡Qué morbillo cuando se es joven, da eso de ver algo erótico en el cine o como en este caso la televisión! En mi época sólo podíamos aspirar al beso del final de la película, y por aquel entonces era tan esperado por el resto de espectadores, que toda la sala aplaudía... ¡qué tiempos aquellos! ¡Pero si hasta los más adultos cruzaban la frontera para ver en Perpignan El último tango en París!
Y luego llegó el destape y a estas alturas de la vida, donde en la playa la vecina de sombrilla se despelota por completo, que ya nada llama la atención... ¿O si?

23 septiembre, 2009 14:41  
Blogger Rafael B. ha dicho...

Aunque el post no va de telenovelas (¿o sí?). Recuerdo que el primer culebrón sudamericano (ya había habíamos tenido Falcon Crest hasta en la sopa) en aparecer en televisión española fue "Los ricos también lloran", que emitían por la mañana en horario bastante temprano. También era de origen brasileño y marcaba ya la tendencia a chicas "llamativas". En aquel verano yo daba clases de latín para ganarme unas pesetas y justo empezaban las clases a la hora de la serie con lo que la vi empezar más de una mañana y nada más, me hacia gracia el título y me dejaba intrigado porque la serie en sí cumplía con el estándar. No importa cuantos episodios te perdieras que podías retomar el hilo sin problemas. Aclaro que nunca llegaron a engancharme.

P.D: Manolo, ya se sabe que unos comentarios no son igual sin la consabida cagarruta de un anónimo :-)

23 septiembre, 2009 17:35  
Anonymous Anónimo ha dicho...

Manolo ¿te has enterado le que han archivado a los del PP la querella que pusieron contra el alcalde de Punta Umbría? ¿cuántos archivazos lleva ya en su contra el PP? Parece que van directamente a la papelera todas aquellas denuncias tramadas o urdidas por el anterior alcalde del PP el abogado Hernández Cansino para desbancar a quien legítimamente le ganó en las elecciones. Creo que el Sr. Hernández Cansino es amigo tuyo, no estaría de más que le pidieras explicaciones para publicarlas en tu página. Serian interesantes de conocer.

23 septiembre, 2009 17:37  

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