24 septiembre 2009

Introspección (VIII): la chincheta de Jacinto

Allá por sexto o séptimo de básica, las chinchetas empezaron a multiplicarse y hacer estragos en nuestras sufridas posaderas. Rara era la mañana o la tarde en que ibas a sentarte a tu sitio y algún “compañero” no te había dejado alguna tachuela en la silla con el disimulo propio de un espía soviético. Y una de dos: o la veías y la retirabas a tiempo, justo antes de perder la verticalidad (luego tratabas de endosársela a otro más incauto que tú en la siguiente hora), o coordinabas el respingo y el alarido con alegría y vigor ante el profesor de turno, entre las sordas risillas del anónimo chinchetero y del resto de la cuadrilla.
Como distribuidor de chinchetas descollaba en nuestra clase el campeón motero David Malavé, alias el Coco, miembro de esa saga de especialistas en chacina que, con mucho trabajo y más esmero, han logrado probablemente el mejor salchichón ibérico del mundo. Al otro lado de la balanza quedaba el bueno y noble de Jacinto Batanero, portador de uno de los pompis más sufridos de mi curso. Un día llegaron a plantarle tres o cuatro chinchetas juntas, un hecho intolerable que le obligó a soltar primero un grito apocalíptico y a jurar después venganza. Y, entre ceja y ceja, a Jacinto se le metió aquel espigado niño de pelo enrulado que llevaba siempre puesto su eterno pantalón de chándal (justa o injustamente, porque vete tú a saber si en verdad era el Coco quien le había dejado el asiento listo para fakires).
Así las cosas, el menor de los hermanos Batanero empezó a recopilar objetos punzantes en cada recreo para terminar plantándoselos en la silla al compañero Malavé, con la única idea de dejarle el culete hecho un colador. Pero ya se sabe que el enemigo nunca duerme, de modo que el mencionado se cuidaba muy mucho de revisar minuciosamente sus aposentos cada vez que comenzaba una clase y tenía que buscar respaldo.
Frustrado el plan A, a Jacinto no le quedó más remedio que improvisar un heterodoxo plan B. Juro que ese día casi me muero de la risa: charloteábamos de pie unos cuantos en un recreo, entre ellos el Coco, que estaba de lo más tranquilo y risueño con los brazos cruzados, y de repente suelta un «¡Aaaaaaaaah!» monstruoso, se da media vuelta y allí se encuentra con la sonrisa justiciera de Jacinto, que ni corto ni perezoso le acababa de clavar directamente una chincheta en una nalga ayudándose con el pulgar, sin anestesia, como quien aprieta un timbre.
«¡So bestia! ¡¿A quién se le ocurre?! Encima, ¡mira cómo está de herrumienta la chincheta...! A ver si no me tienen que poner la inyección del tétano... Creo que me ha hecho hasta sangre», protestó David mientras Batanero, con ese vozarrón que Dios le dio, enumeraba viejas afrentas y amenazaba con volver a aguijonear al culo del Coco si otro chinchetazo volvía a hacerle brincar a él en su silla.
«¿De qué os reís? Porque no tiene ninguna gracia...», nos reprochaba el pequeño Malavé dolorido. Me pregunto si hoy día seguirá opinando lo mismo.

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3 comentarios:

Blogger Gloria ha dicho...

¿Quien no ha sido travieso de pequeño?
En mis tiempos de colegio, en las Salesianas, llevábamos una capa negra en invierno. Esta tenía una bufanda que terminaba en unos flequitos pequeños. La mayor maldad que se le ocurrió un día a la castigada del fondo de la clase, Ilde Mar Martínez, fue acercarse en plan "indio arapajoe" al perchero de las capas y cortarles a todas los flecos de la bufanda.

Memorable toda la clase detrás de ella hasta su casa, para chivarle a la madre lo que nos había hecho y ver la regañina de la madre que nunca llegó. Y que nos dejó a todas decepcionadas y con la boca abierta...

Cada vez que recuerdo ese episodio de mi infancia, me harto de reír.

Gracias, Manolo por hacérmelo recordar.

24 septiembre, 2009 18:12  
Blogger Catum ha dicho...

La caña que le tendría que dar el Coco para levantar en armas al buenazo de Jacintín, jeje.
Saludos.

25 septiembre, 2009 08:53  
Anonymous margarita ha dicho...

Bonitos recuerdos. Nos haces partícipes de ellos al relatarlos ,y a su vez, acordarnos de los nuestros. Gracias por ponerlos. Besos

25 septiembre, 2009 09:46  

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