18 enero 2009

DISCREPANCIAS MÁS BIEN PUERCAS

El rey de Micenas, Atreo, degolló a sus sobrinos cuando se olió que conspiraban contra él. Ordenó además guisar sus restos y servirlos en un banquete al progenitor, su hermano Tiestes. Sin aquella sangría, Agamenón nunca habría reinado.
Todo esto lo explicaba maravillosamente Maquiavelo con el ejemplo insuperable de los Borgia. Y es que la política es un resumen historiado de estrategias para alcanzar el poder y mantenerse en él por tiempo indefinido. Si para ello no hay más remedio que pasar a cuchillo a la familia, pues se hace y punto; incluso en el arranque del siglo XXI, incluso en esta provincia, incluso en Punta Umbría, incluso en el PSOE… ¿Verdad que sí, Albarracines?
Puede que ayuden los nuevos modelos genealógicos, tachados de «nómadas» o «líquidos» por la sociología puntera. Pero también apunta el filósofo José Antonio Marina en su último libro (La pasión del poder. Teoría y práctica de la dominación, en Anagrama) que, tras la crisis sesentera, la institución familiar se ha revelado como «la única defensa contra una mercantilización feroz, la única relación que protege nuestra intimidad de una sociedad esclavizada por el mercado».
Quizá por ello estén a día de hoy tan mal vistos los crímenes caseros en sus distintas vertientes (filicidio, fratricidio, parricidio, matricidio, uxoricidio…). Y tal vez por esa misma razón la sociedad civil onubense se muestre en el fondo comprensiva ante cuestiones tan veniales como la contratación en la Mancomunidad de la Sierra Occidental de la mujer del alcalde de Jabugo, el tránsfuga del PA José Luis Ramos, que gobierna ahora para el PSOE con el apoyo del otro tránsfuga cinco jotas que encabezara la lista del PP en mayo de 2007.
El problema institucional son las esporas que van soltando este tipo de escándalos pretendidamente resueltos con un simple «no conozco nada de lo que me está contando», barreriano a más no poder. «Se me ocurren otras presunciones en ayuntamientos cercanos. Pero, como son presunciones, jamás hablo de ellas», amagó el secretario primero de la Mesa del Congreso de los Diputados, que a veces parece que confundiera su papel político y quisiera ponerse la toga y coserse a toda prisa las puñetas de aquellos a los que ahora niega radicalmente el derecho a la huelga que constitucionalmente les asiste.
Insisto: estamos ante un problema de características nicológicas. Porque con esto ocurre como con el monstruo de Amstetten (y dispensen las almas sensibles mi humor macabro y políticamente incorrecto): no nos puede extrañar que el que mantiene a la hija oculta en los sótanos de la Administración Pública luego tenga también a su madre atada y bien atada al sillón en el ático.
Sólo Agamenón debiera estar contento. No su porquero.


De 'El Rompecabezas Onubense', publicado en EL MUNDO Huelva Noticias el 18 de enero de 2009

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