18 marzo 2006

La conjura de las madres

Estas nubes gris plomizo que nos inundan de agua y que jodieron el botellón de ayer y arruinarán también el de este sábado, me da a mí en la nariz que las han atraído todas esas santas madres y abuelas nuestras que han tirado del socorrido rosario para suplicar al Altísimo que el niño no termine trayéndonos de nuevo a casa semejante cogorza de la que no pueda luego revelar detalles ni con Pentotal. Y eso que cada día que pasa uno se termina volviendo más agnóstico y escéptico de todo si cabe. Pero tampoco dejo de reconocer que no son ni el hígado de la muchachada ni las autoridades civiles competentes a su pesar los que más han temblado ante las miles y miles de botellas de whisky, ginebra, vodka que, tras su adquisición en los últimos días en las grandes superficies de la capital onubense, se han quedado sin desenroscar y desplegar sus efectos. Las que, desde luego, más sufren con lo que se chupan un fin de semana sí y el otro también estas nuevas generaciones son esas mujeres curtidas por las décadas que nunca podrán conciliar el sueño mientras Daniel o María anden dando tumbos por la calle con los ojos ardiendo de ron. Absolutamente nadie aparte de ellas ha movido un solo dedo para tratar de sacar a Huelva de esta disputa imbécil y tramposa en la que se iba a dilucidar qué provincia es la que cuenta con más botelloneros vocacionales. Entre las dignas señoras de 50 y 80 años y el puntero de Julio Marvizón se han cargado el invento, y seguramente Pere Navarro, el director de la DGT, salga en unos días por la tele con sus gafillas de neocon explicando estadísticamente cuántas muertes en la carretera de estudiantes en la flor de la vida, cuántas lágrimas y tormentos, nos ha ahorrado esta mágica borrasca atlántica tan benigna para la amanita ponderosa («En febrero el grumelo, en marzo el grumelazo y en abril el grumelín», se canta en mi pueblo, en Valverde; ¡Menudo final de mes nos espera a los amigos de esta seta tras tres años de absoluta carestía!). El caso es ése: que está cayendo una pepinada terrible y merece la pena pasarse el fin de semana entero sin asomar el hocico por la puerta, bien tapadito y tomando café con pasteles; mucho mejor que copeteando para hacer méritos en esta competición nacional que muy probablemente haya sido ideada desde arriba por gente que sabe lo que hace y que se lo está llevando bien calentito en el negociazo redondo que representa esta fiel clientela semanal donde descollan los universitarios más pudientes... Lo dicho: felicidades, mamás y abuelas. Lo habéis conseguido.

Publicado en EL MUNDO Huelva Noticias el 18 de marzo de 2006

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