11 septiembre 2006

Parralo-Dalila

Ayer domingo les comentaba lo del mito de Dalila que algunos hombres buenos del PSOE onubense sueñan con ver encarnado en la figura de Manuela Parralo, la flamante candidata socialista a la Alcaldía de Huelva que rivalizará con el popular Pedro Rodríguez dentro de ocho meses. Les recomiendo a los amantes de las metáforas que le echen un vistazo a la Biblia, concretamente a los capítulos donde se narra esta historia. «Después de esto aconteció que se enamoró de una mujer en el valle de Sorec, la cual se llamaba Dalila» (Jueces 16:4-20). El enamorado aludido sería Sansón-Barrero, el héroe de Dios, el liberador del pueblo al que los jefes filisteos llevaban mucho tiempo intentando reducir sin éxito. ¿Cómo averiguar el secreto de su omnímodo poder para así poder acabar con él y dar paso a la renovación del líder? El sumo sacerdote del culto al falso dios Dagón (¿hace falta que dé nombres?) es quien apuesta por que Dalila-Parralo sea la que seduzca políticamente al secretario general de los socialistas onubenses, la que con flirteos ideológicos acabe averiguando todas las claves de esa fuerza sobrenatural trenzada a nivel orgánico. Si Manuela es proclamada alcaldesa el año que viene, ya hemos dicho que, vía Chaves, tendrá todo a su favor para recortar el partido a su gusto, en la capital y en lo que no es la capital. A Sansón no sólo lo dejaron peladito como un bebé tras una noche triunfal (¿como la del 27-M quizá?). También le arrancaron los ojos y lo encadenaron a una noria para que pudiera ser vejado por quienes lo odiaban. Y de ahí podrían extraer otra moraleja los que confían en las tijeras de Parralo; porque la historia de Dalila termina ciertamente mal. En una ceremonia en honor a Dagón, en la que el derrotado Sansón iba a ser el invitado principal, el héroe rasurado ruega al Señor que le devuelva la fuerza perdida para poder ofrecer en sacrificio su vida y la de aquellos blasfemos paganos. Conducido por su lazarillo hasta las columnas del templo de Dagón, Sansón exclama su última alabanza al cielo y las parte en dos, desplomando el magno edificio y sepultándose en vida junto con los filisteos, incluyendo a su traidora y al sumo sacerdote... Cuidadito con Barrero ahora y siempre, porque no es que sepa latín, sino que domina el hebreo y aún le queda cuerda para rato. Y menos flores a Dalila-Parralo, que si se la jugó traicionando a Sansón no fue por sus convicciones renovadoras, sino a cambio de cien siclos de plata apoquinados por cada uno de los jefes filisteos, ¿verdad?
Publicado en EL MUNDO Huelva Noticias el 11 de septiembre de 2006

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