29 diciembre 2006

La diferencia

Es muy cierto lo que dijo el secretario de Organización del PSOE de Huelva, Mario Jiménez, de que hay una diferencia sustancial entre la Costa Esuri impulsada por Rafael González en Ayamonte y el proyecto turístico paralizado por Barrero en El Granado del inocentón de Juan Manuel Burga. En efecto, en lo que El País calificaba ayer, textualmente, como «una nueva Marbella», las casas están finalizadas. Ya hay 6.000 viviendas construidas con todos los parabienes de Costas y de las consejerías de Gobernación, Obras Públicas y Medio Ambiente, y nadie en su sano juicio sospechará de que a alguna le pueda faltar su correspondiente cédula de habitabilidad. Aguas arriba, en el guadianesco Andévalo y gracias, cómo no, a la feroz lucha emprendida por el PSOE de Huelva contra la salvaje especulación urbanística tras el toque de corneta de Pepiño Blanco, sólo se puede encontrar campo puro y duro y montones de madrigueras codiciadas por los cazadores más ricos de hoy y los hipotéticos y cautivos linces del mañana. No sé si el bravo parlamentario andaluz y moguereño se atrevería a decir a día de hoy que el complejo ayamontino es un ejemplo de lo que entienden los socialistas por desarrollo sostenible, o que en ese espejo es donde tienen que mirarse todos los ayuntamientos costeros del PP no sólo ya de la provincia onubense, sino de las comunidades autónomas de Murcia, Valencia o Baleares, que como bien sabrán todos ustedes son aquellas donde básicamente se cometen las barrabasadas medioambientales desde hace años. Me da sin embargo en la nariz que no habrá muchas reacciones esta vez ante la primicia del diario independiente de la mañana, pese a que ya es costumbre en el cuartel general del Conquero y a que podría decirse mucho acerca de la tendenciosidad del reportaje (convendrán conmigo en que el símil marbellí no puede resultar más epatante a estas alturas de la malaya). Les digo más: si mi intuición no falla, puede ser que de este asunto se empiece a hablar a partir de ahora en pasado pluscuamperfecto, una vez obrado ese cambio de cartelería electoral que ha elevado a Antonio Castillo (¿Isaías mediante?) a la pole position en la parrilla de salida por una de las alcaldías más codiciadas del mapa autonómico. No sólo los judíos tiran del chivo expiatorio cuando vienen mal dadas, y el listón se está poniendo tan alto en la lucha por desbancar a Esperanza Aguirre del Gobierno de Madrid que incluso aquí habrá que separar la paja del trigo si no queremos adentrarnos definitivamente en la esquizofrenia política, de la que es complicado salir.
Publicado en EL MUNDO Huelva Noticias el 29 de diciembre de 2006

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