Preguntaba un anónimo onubense que si en este blog ya sólo se opina de Valverde y sus circunstancias. Le respondo con esta entrada y así, de paso, voy enterrando en serrín la polémica local de la semana pasada.
Este blog está en vías de extinción. Arrancó con la idea de volcar los artículos de opinión que publicaba en la edición de Huelva de El Mundo. Dejé de escribir en Huelva Noticias hace años, pero mantuve el blog por matar el gusanillo de vez en cuando, por la costumbre adquirida de escribir sobre asuntos de toda la provincia, aunque no sometido ya a la obligación del paginón dominical de la sección El Rompecabezas Onubense.
Perspectiva sigue activo porque -los seguidores que quedan lo saben bien- de vez en cuando me da la picá primaveral de ponerme a rebuznar. Y porque a veces también me resulta muy útil, cuando me sirve de hemeroteca (también hay a gente a la que le ha sido útil para escarbar en la historia más reciente de Huelva).
Últimamente es cierto que se me puede criticar cierta predilección por asuntos valverdeños, pero son más la inercia y el azar que otra cosa lo que lo determinó así. También hubo una época en que me granjeé enemistades haciendo análisis críticos de la prensa provincial, que la verdad es que me entretenían bastante, pero como pude comprobar (consultando más de tres fuentes distintas, como exige el cliché) que no eran bien entendidas, opté por dejarlo para mi interiorismo reflexivo.
La muerte de El Mundo Huelva Noticias es lo que me hace albergar más dudas sobre la pervivencia de este blog. Porque cuando empiezas a perder el hilo informativo de tu provincia, difícilmente puedes opinar de nada sin riesgo a pegarte leñazo tras leñazo. Los acróbatas sin red, sin público, sin ánimo... parecen más suicidas que otra cosa, la verdad. Y ése es el problema de fondo: que cada vez veo más absurdo este jirón de mi vida que es Perspectiva Onubense, del que no me siento orgulloso.
En definitiva, que coincido con todos los que entienden que todo este blog es un coñazo y que poco o nada merece la pena. Pero eso no quita para que, de vez en cuando, le dé mi repasito a algo o a alguien. Al que le pique, que se rasque con las dos manos, que la dignidad de los más golfos (ni la de sus esposas, ni la de toda su descendencia) no tiene por qué estar reñida con la sarna.