01 diciembre 2005

Refutando a Serrato

En cada rueda de prensa que convoca y en todas las entrevistas que concede, el inminente alcalde de Gibraleón, Juan Serrato, quiere restar importancia al secuestro de la señal de Teleodiel desde la casa del secretario general de los socialistas del pueblo. El ex portavoz (por las quejilas) del PSOE olontense ha dicho este mismo fin de semana que «en ningún caso se puede hablar de sabotaje» y que confía «en que la Justicia ponga a cada cual en su sitio», porque al final de lo que se trataría es del choque entre dos emisiones a cada cual más «alegal» y no cabría sanción moral o jurídica alguna al hecho cierto y reconocido por el propio Serrato de que «desde el PSOE en Gibraleón o desde un empresario concreto, viendo que no había pluralidad en la televisión local y que este medio era un panfleto, se intentó montar una televisión privada»... ¿Queremos ser medianamente serios? ¿O a golpe de cinismo podrán curarse en salud hasta la eternidad nuestros representantes públicos? Me refiero a que aún no ha salido el político que imponga algo de dignidad a lo que está pasando justo aquí al lado, a cinco minutos. Y me consta que Serrato –y Barrero, cómo no; y hasta Mario Jiménez, que ya es decir– maneja al dedillo la legislación vigente como para saber que, por el principio de jerarquía normativa y por puro sentido común, es una auténtica sandez justificar la interferencia premeditada de una emisión con el cachondeo padre de las televisiones locales –consentido por el legislador– cuando lo que se está poniendo en solfa es todo un artículo 20 de la Constitución, integrado dentro del corpus privilegiado de la –discúlpenme por el trabalenguas– sección primera del capítulo segundo del título primero de la Carta Magna. Pero tampoco nadie le ha puesto una pistola en el pecho al hasta ahora portavoz del PSOE en la Diputación para que se haga el tonto. Y si quiere ser tan consecuente y digno como debiera cualquier alcalde, Serrato tiene que comprometerse –a lo Corcuera– a abandonar la Alcaldía si los tribunales terminan sentenciando que José Antonio Salas –y todos los que le dieron cobertura y permanecen callados– no tenía derecho a hacer lo que hizo. Quién sabe; quizás la Justicia vuelva a sorprendernos, como cuando la negativa de Barrero a pasar el control de acoholemia o como tantas otras veces, porque estoy seguro de que el PSOE de Huelva se va a gastar una pasta gansa en la defensa de este ex compañero. Pero eso no quita que lo tenga muy crudo para salir como una patena. Y Salas no puede comerse él solito semejante marrón. Serrato y Mario, como poco, se juegan la credibilidad en el envite.

Publicado en EL MUNDO Huelva Noticias el 23 de noviembre de 2005

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