01 diciembre 2005

Condenación

El concejal de Seguridad Ciudadana de un pueblo celebra la llegada del nuevo año con alguna copa de más y cogiéndole el culo a una zagala, que pa’eso lo tienen. La amiga de la tocada, con el trasero indemne, es sin embargo la que le recrimina con más virulencia la acción, y el mismo concejal, ni corto ni perezoso, le suelta una hostia en medio de un bar, insisto, a 31 de diciembre. El asunto es tan increíble que acaba en los tribunales y en la prensa. Durante meses, se subraya por todos los que hablan del tema —incluida esta casa— que el responsable municipal inculpado es presuntamente inocente porque así lo establece la ley y el sentido común. Pero también hay muchos que callan en ese momento. O que se muerden la lengua. Gente que, desde luego, habría saltado a la más mínima si el edil en cuestión no estuviera vinculado al PSOE, porque ya lo han hecho en otras ocasiones. Hablo en concreto de los que habrían participado encantados en el productivo y brutal acoso de las instituciones públicas si el concejal del mal vino hubiera sido del PP (¿recuerdan el caso de Juan María Domínguez, de Villarrasa, cuando lo de su supuesta manipulación de una providencia judicial?), de IU (¿qué pasó con el alcalde de Cortegana, Antonio Marín, cuando el ataque a los gitanos del pueblo?) o del PA (ya han visto lo que le ha ocurrido a José Manuel Romero en Almonte en cuanto ha empezado a tirar del hilo de Juan Báñez). Hasta hace tres días, aquí no tenía que venir ninguna consejera de la Junta para poner los puntos sobre las íes ante un abuso de género y autoridad tan flagrante. Para cargarse a cualquier tocaculos agresivo, con o sin acta de concejal, ya teníamos a Cinta Castillo, parlamentaria andaluza, senadora por la comunidad autónoma y —que nadie lo olvide— secretaria de Igualdad de la ejecutiva regional del PSOE desde hace cinco años. Pero en esta ocasión ha tenido que ser Micaela Navarro, la responsable de Igualdad del Gobierno andaluz, la que diga que con una sentencia condenatoria sobre la mesa se tiene que poner punto y final al pasteleo. Y lo dijo el mismo día en que el increíble Mario Jiménez dejaba abierta la puerta para que dentro de unos cuantos años sea el Supremo o vete tú a saber si también el Constitucional el que condene a su partido a tomar una decisión con respecto al escudero del alcalde de Aracena, Manuel Guerra. El increíble Mario, sí: el mismo que le abrió expedientes a Juan Antonio Muriel, a José Hernández Albarracín, a José Manuel Romero y a José Villalba, y el mismo que disolvió la ejecutiva local de Niebla. Seguramente porque una cosa es que le toquen a una chavala por detrás y otra, muy pero que muy distinta, que lo toquen a uno por delante.

Del archivo de EL MUNDO Huelva Noticias

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