01 diciembre 2005

Sectarismo y pancartas

El sectarismo partidista se ha convertido en uno de los mayores problemas del sistema institucional y democrático que nos rige. Para desgracia de los administrados (los soberanos; al menos porque somos los que pagamos), el grado de encanallamiento ideológico de nuestros gobernantes —independientemente de su orientación: desde socialistas hasta populares, pasando por comunistas, verdes, andalucistas y los que ustedes quieran añadir— ha alcanzando ya límites insospechables, y nada invita a imaginar un futuro mejor al menos mientras el poder legislativo y las formaciones políticas sigan copados por este personal, que en tres décadas no ha sido capaz de asimilar reglas y principios básicos de la convivencia constitucional con la que todos se llenan luego la boca. ¿Quién les explica a ciertos alcaldes, más anchos que panchos tras cuatro o cinco mandatos a sus espaldas, que los concejales y concejalillos de la oposición en realidad son gente tan honorable como ellos mismos, a los que tienen que escuchar y acercarse siempre que sea posible? ¿Cómo se le convence a un presidente de Diputación Provincial de que ha de rodearse de los mejores y no de medianías, y de que las instituciones no son castillos ni ellos nobles señores a los que se deba pleitesía? A todo un consejero de la Junta, ¿se le puede insistir en que no puede permitir construir junto al mar en un municipio costero lo que ha prohibido cuatro kilómetros de playa más arriba a un «Ayuntamiento no amigo», o viceversa? Insisto en que no hablo de ningún político o sigla en concreto. Nada más lejos de mi intención que convencerles de vaqueros buenos e indios malos después de los ocho años de José María Aznar en La Moncloa, durante los cuales, por ejemplo, tantos pueblos gobernados por el PP inauguraron gozosamente multitud de escuelas taller que tenían que haber ido a parar a la Cuenca Minera. Lo que concluyo es que nos estamos habituando al sectarismo como el sarnoso a rascarse, y que cívicamente estamos obligados, cuanto menos, a denunciar los abusos. ¿Que a qué viene esta reflexión? Pues a que el otro día los populares de Lepe, con Manuel Andrés González, colgaron en la sede de su partido una pancarta exigiendo por enésima vez a la Junta la conexión de la autovía a Ayamonte con las playas, lo que me hizo recordar que, en el festivo Valverde, Cejudo mantuvo durante años con el apoyo de Rodríguez Donaire otra pancarta reclamando al Gobierno el desdoble de la N-435, pero colgada en el balcón del Ayuntamiento. Matices, desde luego, pero que se distinguen a leguas. Y que deberían pintarle la cara a más de uno.

Del archivo de EL MUNDO Huelva Noticias

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