01 diciembre 2005

Ceremonial

El mismo día en que Esperanza Ruiz rompió amarras con el Partido Popular de Huelva, mi padre se aventuró a decir que la bravísima política olontense terminaría respaldando una moción de censura del PSOE para que Juan Serrato accediera a la Alcaldía de Gibraleón arrebatándosela al favorito de José Luis Rodríguez, José Ramón Gómez Cueli. Hasta entonces, los dos habíamos estado aguardando cautelosamente a que saltara la liebre después de seguir con atención el carrusel de columnas que mi amigo Norberto Javier dedicó subrepticiamente al asunto advirtiendo a la dirección provincial y regional pepera que a Esperanza no le estaban dejando otra opción política que hacer valer toda su fuerza; y aquel mismo lunes en que la ex secretaria general del PP hizo las maletas y se largó al grupo mixto, Becerro senior lo afirmó con toda la rotundidad que otorgan la lógica y la experiencia: «Esto termina necesariamente en una moción, porque si no no tiene ningún sentido lo que está haciendo esta mujer». Han pasado varios meses, ocho en concreto, y se da la circunstancia de que, de nuevo, ha sido justo a la vuelta de un fin de semana –cuántas dudas, cuántos escalofríos en 48 horas; qué tensión más extenuante de tiempo fileteado en incertidumbre– cuando se han cumplido estos vaticinios. Ya se sabe que en nueve días se celebrará el definitivo pleno municipal y todo lo que eso implica: un grupo de vecinos abucheando, otro aplaudiendo a rabiar, pálidos policías locales sin saber cómo actuar exactamente, los patrols de la Guardia Civil en la puerta, gritos o amenazas cruzadas y puramente delictivas, desalojo –puede que hasta violento– de los más exaltados de los bancos del público y, finalmente, ese profesor universitario apellidado Serrato coronado alcalde con año y medio de antelación –o dos años y medio de retraso, según quien lo diga– y Esperanza Ruiz de responsable de Urbanismo –¡toma ya!– y Servicios Sociales. Un notario ha dado fe del acuerdo, y ya se sabe que –sobre todo en esta provincia, y sobre todo si detrás se encuentra la dirección del PSOE onubense– lo que diga el señor notario va a misa. Prácticamente, lo único que queda por definir es quiénes son los valientes que no tendrán el menor problema en salir retratados en las imágenes que capten los cámaras de televisión en plena jauría humana. Y por supuesto qué pasa con el PGOU que diseñó José Luis Rodríguez con el apoyo técnico de arquitectos socialistas. Y cómo Javier Barrero o Manuel Chaves defienden al mismo tiempo la operación y el destierro de los tránsfugas. Y si en el PP alguien definitivamente se plantea si, en algún momento, se debió hacer otra cosa.

Publicado en EL MUNDO Huelva Noticias el 15 de noviembre de 2005

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