14 septiembre 2006

El origen

Ciertamente, muy poco es lo que se ha hablado hasta ahora en los medios de comunicación sobre los inicios de la meteórica carrera política de Manuela Parralo, la proclamada hace un par de meses como nueva candidata del PSOE a la Alcaldía de Huelva para escarnio de Pepe Juan Díaz Trillo. Y eso que la capital onubense tiene el virtuoso defecto de ser tan chiquetita y acogedora que prácticamente se puede decir que todo el mundo se conoce al menos por referencias. Yo, por ejemplo, que en mi vida no he tenido la oportunidad ni el gusto de cruzar ni media palabra con la verdadera princesa de la política onubense, cuento sin embargo con buenos amigos -algunos de ellos compañeros de profesión- que han sido alumnos suyos en el Instituto de La Orden, y que se han esmerado delante mío en imitar a la perfección lo exageradamente melodramática que se ponía la señora cuando, por exigencias docentes, tenía que recitarles a los chavales algún poema en clase. También conozco a antiguos compañeros de profesión de Parralo, que recuerdan la envidia que despertaba la esposa del arquitecto Álvarez Checa entre algunas del gremio por ese espectacular y exclusivo fondo de armario que no hace falta hacer muchas cuentas para saber que resulta inalcanzable para quien gane 1.900 euros al mes. Y eso por no hablar de las escapadas de fin de semana al Madrid operístico, de los viajes más caros y exóticos que aparecen en los catálogos de las touroperadoras, de intensas jornadas golfísticas y estancias en hoteles de lujo para descansar de la tiza y el trajín de los días... La dirección del PSOE alaba ahora su gestión como directora de instituto, aunque los que siguieron de cerca su mandato la recuerdan sobre todo por el ordeno y mando «sin más criterio para el manejo del centro que no fuera presionar políticamente a la Delegación para conseguir algo que, de otra forma, se veía incapaz de lograr». Aparte, tampoco les revelo nada si les digo que, dentro del mundo docente, ser director de un instituto inspira más compasión que otra cosa, y que no implica, ni de coña, una mayor capacidad o carisma. Más de la mitad de los directores son obligados a asumir el cargo por el delegado provincial de Educación ante la ausencia de candidatos, un dato incontestable que permite adivinar lo poquísimo apetecible que resulta este puesto. Pero ella se prestó encantada porque se lo aconsejaron en 2000 en sucesivos almuerzos en el restaurante Farqueo López Garzón, Montaner y Genaro. Les seguiré contando este domingo, prometido.
Publicado en EL MUNDO Huelva Noticias el 14 de septiembre de 2006

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