03 diciembre 2005

La medallita

Lo dejo por aquí escrito no vaya a ser que la semilla termine germinando y nos pueda dar frondosidad y sombra dentro de unos cuantos años, aunque no tenga la más mínima esperanza de que ésta sea tierra adecuada. En breve se recordará —con el énfasis insoportable de los cincuentenarios— la concesión del Premio Nobel de Literatura al poeta moguereño Juan Ramón Jiménez, con pique incluido entre las administraciones del PSOE y el Ayuntamiento medio pepero medio andalucista del pueblo natal del universal poeta, porque hay demasiados pechos para una sola medalla y Pepe Cejudo no está dispuesto bajo ningún concepto a colgársela a Juanjo Volante a poco más de un año de las elecciones, donde los socialistas temen cagarla de nuevo con el candidato en el lugar donde se hacen (doy fe) los mejores pastelitos de Huelva. Lo que quiero hacer hoy es un llamamiento a los pocos pero febriles realizadores onubenses y andaluces, tanto a los consagrados como a los más jóvenes e inéditos, para que piensen por un rato si la vida de Juan Ramón no da para, por ejemplo, rodar una teleserie en nombre de Canal Sur o de cualquier otra montaña de dinero público o privado. Tómense su tiempo de reflexión los Antonio Cuadri y compañía, que es lo que pretendo con esta columna: que quienes realmente podéis hacer algo por difundir la obra del mayor poeta onubense de todos los tiempos, os planteéis la mera hipótesis de hacerlo. Y a la hora de sacar conclusiones, tengan en cuenta las localizaciones que ofrece Moguer para rodar una película de época, o el espléndido grado de conservación de la casa-museo del escritor una vez resuelto el problema de las polillas. Si me apuran, les doy hasta un nombre —el de José Luis Gil, el Juan Cuesta de Aquí no hay quien viva— para protagonizar a este personaje que el «mariconcillo de playa» de Luis Cernuda describía como «un Dr. Jeckyll y Mr. Hyde». Si alguien se atreve a hincarle el diente a ese guión que daría más juego que dos barajas de cartas, que le eche un vistazo a la polémica Pasiones de Rosa Montero donde se dan detalles de la tormentosa existencia de Zenobia Camprubí, o que recuerde el suicido por amor y ceguera, a sus 24 años, de la prometedora escultora Marga Gil Roësset, o aquel telegrama que le remitieron en plan hijoputa Salvador Dalí y Luis Buñuel tras publicar su obra maestra: «Amigablemente, te felicitamos por tu Platero y yo: es el burro más burro de todos los burros que hemos conocido»... Cuatros Oscars se llevó hace otros tantos años el equipo dirigido por Ron Howard al relatar la locura del matemático John Forbes Nash Jr. en Una mente maravillosa. Aquí la pelea es por la medallita. Por ver cómo impedimos que Volante salga en la foto.

Publicado en EL MUNDO Huelva Noticias el 3 de diciembre de 2005

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