01 diciembre 2005

¿Qué toca?

Quizá toque hablar de nuevo de Gibraleón y darle la última vuelta de tuerca al asunto. Porque pasan los días y, por ejemplo, uno cada vez piensa peor de la más que probable procedencia de la emisora alegal que le instalaron en la chimenea al ex secretario general del PSOE olontense, José Antonio Salas. Y porque también puedo certificar que sí, que en el PP de Huelva y en el de Andalucía la solidaridad con los compañeros de Gibraleón es enorme, y que Matías Conde besó hace seis días el suelo y alcanzó de bruces la santidad en el partido, pero que no es menos cierto que a José Luis Rodríguez no le perdona nadie a nivel interno –ni en Huelva ni en Sevilla, insisto– que le prometiera mil y una veces a Esperanza Ruiz la Alcaldía para terminar abdicando en José Ramón Gómez Cueli, sabiendo a quien se la estaba jugando. Por lo demás, cada cambio que se introduzca en el futuro PGOU para beneficiar a unos cuantos emprendedores del cambio político –con el asesoramiento técnico de los de siempre y el nihil obstat de la Junta– me revolverá las tripas. Pero no más que cualquier otra corruptela municipal (tantas veces fraguadas en la placidez de las mayorías absolutas) de las que pasan diariamente desapercibidas a ojos del ciudadano y que convierten en calderilla el tres por ciento musitado en el Parlament a finales de febrero por Maragall, algo que hasta cierto punto sirve para explicar el activismo empresarial de Cataluña y el permanente subdesarrollo andaluz... Pero alguien ya me ha reprochado, de antemano, que hoy y aquí no hable del cuento chino –de percusión suiza– de Carlos Estévez y Francisco del Campo. O de esa cara larga que no se le termina de quitar a Manuela Parralo (¿el rictus de la derrota?, ¿el rictus de la victoria?). Y de la preocupación del alcalde, Pedro Rodríguez, porque de las cenizas de la plataforma de Isla Chica hayan resurgido un secretario general de la UGT y una algarada anti impuestos con mi viejo compañero Jesús de los Santos en plan gota malaya. ¿Y qué me dicen de lo escotadísimo y pintarraqueado que anda Rodríguez Donaire, para ver si con la minifalda ideológica provoca el ataque de celos de Pedro Jiménez o termina compartiendo lecho con Cejudo, con fama de cumplir siempre en la cama? Pero ya lo haré otro día; prometido. Y les presentaré mi blog. Pero esta vez sí tocaba hablar de Gibraleón. Y felicitar sin remedio ni la menor duda, por el fondo y por las formas, al Norberto Javier del lunes y de siempre. Y mandarle un claro aviso: como vuelvas a fallarnos o te mudes de barrio, juro que te capo en nombre de varios de tus lectores. ¿Capisce?

Publicado en EL MUNDO Huelva Noticias el 1 de diciembre de 2005

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