Grandes producciones televisivas

El PP lleva semanas y semanas acusando al Gobierno socialista, a la Policía Nacional, a los fiscales y hasta a algunos jueces de estar detrás de supuestas escuchas ilegales en una persecución contra la disidencia sin precedentes democráticos. El descrédito de la clase política patria es tal (hablo tanto de la gobernante como de la opositora, evidentemente) que se admite esa sal gorda con gusto, sin que nadie se sienta compelido a tomar decentemente las de Villadiego. Aquí ya ha sedimentado la máxima sofista de que «todos los políticos mienten» y ni siquiera nuestros representantes públicos tienen el menor complejo en incurrir en esa confesión paradójica cuando ya no les queda ningún burladero dialéctico. Así, nunca tendremos ni a Bartlet ni a Obama en La Moncloa. La serie que nos retrata a las mil maravillas es la estatutaria Arrayán.